"Homenaje al Bosque" Bonet Vallribera

Maqueta a escala. Foto cedida por el artista
Desde el próximo día 8 de junio en la sede del Colegio de Arquitectos de Dalt Vila, hasta el 29 del mes, tendremos la oportunidad de dejarnos “iluminar” por una selecta exposición de Bonet Vallribera. Su “homenaje al bosque” es un recorrido que culmina en la parte alta de la sala e invita a pensar sobre el futuro de nuestros bosques y de nosotros mismos.
Hoy he visto en tus ramas…
(…)que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.
“Árbol”. Antonio Machado
Quizá esta instalación “homenaje al bosque” es el paso consecuente en la obra de Bonet Vallribera, tras aquella conversación luminosa que mantuvo en el 2016, la penúltima exposición individual en Eivissa, titulada “Luz y Geometría. Conversaciones” de donde surgía aquella invitación a descubrir comportándose “como un rayo de luz en el bosque” .
No podemos obviar la síntesis en la obra de Bonet Vallribera, la dialéctica de la luz a través de los opuestos: conceptos, materiales, experimentos, incluso en las interacciones del espectador, que deja de ser un mero visitante para implicarse físicamente en la contemplación de esta mezcla de luces, natural y artificial, que se derrama, creando espacios lumínicos irreales y generosos con la imaginación. La sublimación se realiza cuando se funden los elementos, en la condensación de los conceptos y lo alcanza con la creación de este “homenaje al bosque”, porque nunca la naturaleza ha sido más protagonista en su obra. Era el camino lógico a alcanzar: entrar en el territorio de las leyendas y de los mitos, en el altar sagrado donde la luz se quiebra y se esconde para descubrirnos las emociones más recónditas, las más sensuales o las más temidas; esto es, acceder al lugar donde brota la vida.
Es el bosque el lugar que sugiere caminos nuevos y nos recuerda tradiciones antiguas, la luz tamizada por las ramas, por las hojas, cambia de dirección, de intensidad, se nos presenta como un ser demiurgo, que como decía el poeta, del que brota la vida; lo mismo sucede con el sonido, la selección de obras sonoras del compositor norteamericano John Cage: “Branches”, “Child of tree”… donde el sonido de las ramas, de los troncos, del crujir, nos envuelve como si nuestra respiración y conciencia al entrar en contacto con el bosque enmudecieran, predominando los silencios y el respirar forestal, un laberinto de sonidos que se revela como una extraña melodía que ilumina, tal vez aquello que silenciosamente respondía a Machado. De este modo, surge la certeza de que la vida del bosque y su futuro están íntimamente relacionado con nosotros. Su luz es nuestra luz. Su respirar es el nuestro. Reivindica Bonet Vallribera la luz como símbolo de vida, el bosque como su materialización más poética, así pues, sin luz y por lo tanto sin bosques, no seríamos nada, no habría vida, de ahí la intuición por lo temido.
Eso es lo que nos propone Boned Vallribera: al final del recorrido hay un altar, un trozo de bosque, la creación de un cubo de metacrilato, simbólicamente en la casa de los arquitectos, sus lados representan un bosque, cualquier, todos…, un haz de luces de neón recorre el cubo configurando una visualización paralela a la natural, a la fotografiada, siempre esa síntesis de contrarios, el espejo del suelo refleja la infinitud del bosque, el vértigo de su altura; los espacios conectores quedan abiertos para la indagación, para el deleite del, ahora, paseante; los distintos ángulos descubrirán caminos: yuxtaposiciones, superposiciones, multiplicidades… En definitiva, espacios sublimados por la luz y sus claros. Mientras la música de Cage nos envuelve, nos transporta más allá de lo físico para entrar en la emoción, para conocer respuestas y reivindicar la vida del bosque y su luz. Todo cobra sentido, el bosque nos ilumina y nos guía.

Source: Nuria del Rio

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